Más de una vez he escuchado a una señorita ofendida y molesta por comentarios que se le han hecho desde una obra o un camión. En algunos casos también he oído a alguna quejarse por todo lo contrario, pero en todos los casos se comete una injusticia grandísima al apuntar hacia al hombre del que salen esas palabras.Puede sonar raro, pero he logrado explicar científicamente el fenómeno. Tanto las obras como los camiones tienen vida propia y son ellos, quienes sirviéndose del cuerpo del hombre, lanzan comentarios soeces al paso de una dama.
El hombre no es mas que el medio a través del cual se expresan las almas de transportes y edificios en construcción, por más educado o vergonzoso que pueda ser el hombre la fuerza superior de estos entes utilizan su cuerpo para sus propios fines.
Incluso hay un caso que no deja duda y lo digo en primera persona. Quienes me conocen saben que no soy hombre de decir groserías a las mujeres por la calle. Pues bien, yo mismo he sido utilizado, en este caso, por un camión para llevar a cabo sus fechorías.
Antes que alguien lo diga no estoy justificando mi comportamiento, ni en aquel momento me amparé en un camión para dar rienda suelta a mis comentarios más bajos. Esto ocurrió en Italia, por aquel entonces apenas si era capaz de expresarme en italiano, e inexplicablemente, o explicable bajo esta teoría, era capaz de decir las barbaridades mas grandes a la mujeres en la lengua de Petrarca.
No era yo, estaba poseído, era la vida secreta de las obras y los camiones que, a través de mi, estaba haciendo de las suyas.









